Hasta la fecha, los conflictos en la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) se han prolongado durante más de 400 días sin interrupción, en particular el de la guerra genocida de Israel contra Palestina y Líbano.
Cada día que se bloquean las negociaciones entre las partes en conflicto, la guerra crece en escala, provocando miles de muertos y heridos, y el desplazamiento de cientos de miles hacia lo desconocido. La violencia saluda a quienes han decidido permanecer en sus territorios y han optado por defender su independencia.
En Gaza, Cisjordania y Líbano, por ejemplo, las guerras contra ciudadanos civiles no ofrecen ninguna oportunidad de supervivencia, y mucho menos tiempo para pensar en el estado de sus países.
Estas atrocidades se producen en un momento en que la ayuda al desarrollo está menguando y cambiando completamente de configuración. La cooperación al desarrollo, que supuestamente debería estar en consonancia con los principios de la Agenda 2030, se está transformando en diferentes tipos de asociaciones a favor de más armamento y ayuda humanitaria. Esta última ocupa ahora un lugar destacado en el esquema general de la cooperación al desarrollo. Sin embargo, en esta situación, la ayuda no beneficia a las poblaciones de la región en conflicto porque las fuerzas militares sobre el terreno impiden o limitan violentamente el paso de los alimentos y medicamentos necesarios para combatir el hambre y proporcionar el tratamiento necesario a los heridos.
En medio de los bombardeos, y debido a la hegemonía de los colonos apoyados por la derecha israelí, la ayuda humanitaria no llega a las poblaciones palestinas, los miles de libaneses desplazados, e incluso los emigrantes de diversa procedencia viven en condiciones inhumanas y extremadamente arriesgadas.
Todos los llamamientos de la sociedad civil, las organizaciones humanitarias y varios organismos de las Naciones Unidas, incluido el del Secretario General, siguen sin conseguir el cese de la guerra. La sociedad civil se opone a la indiferencia y la complicidad de los gobiernos, especialmente del Norte Global, en la guerra que continúa.
Asociación de OSC para la eficacia del desarrollo (AOED), plataforma mundial de organizaciones de la sociedad civil que promueven la cooperación eficaz al desarrollo (CED), pide a los gobiernos que mantengan sus compromisos con los derechos humanos, incluido el derecho a la autodeterminación de los pueblos ocupados, así como la lucha contra los conflictos y las guerras en pro de la justicia social.
Además, la AOED hace un llamamiento:
- a todas las partes implicadas a que acuerden un alto el fuego urgente y vuelvan al diálogo para alcanzar un acuerdo basado en soluciones en el marco de las Naciones Unidas;
- a la comunidad internacional, a través de la ONU, que cumpla con sus obligaciones para encontrar soluciones a esta situación recurriendo a una mayor firmeza en la aplicación de las resoluciones de sus organizaciones;
- a los gobiernos que desplieguen una intervención política y humanitaria y presten la ayuda necesaria a las poblaciones siniestradas y garanticen el retorno de las poblaciones desplazadas a sus territorios, proporcionándoles las condiciones indispensables para su seguridad y la preservación de su derecho a la vida;
- a la Alianza Global para la Cooperación Eficaz al Desarrollo (AGCED) a que tenga en cuenta la situación de guerra en su informe de seguimiento global, a que demuestre su impacto en la consecución de los ODS (en particular el ODS 16), y a que garantice que la agenda de la CED se integra en todos los procesos similares y paralelos; y
- a la sociedad civil a que continúe su apoyo abogando con ahínco ante sus gobiernos para lograr un alto el fuego y comprometerse con la justicia social.
No habrá desarrollo sin el cese de la guerra. No habrá paz sin justicia. ¡Alto a la guerra!



