Declaración de la AOED ante la Cumbre de la ONU sobre los ODS 2023

Declaración de la AOED ante la Cumbre de la ONU sobre los ODS 2023

18-19 de septiembre de 2023
Sede de la ONU
Nueva York

La Asamblea General de las Naciones Unidas se ha reunido para celebrar su 78º periodo de sesiones, esta vez coronado por las expectativas en torno a la Cumbre sobre los ODS, la segunda de este tipo desde la adopción de la Agenda 2030. La Cumbre marca el ecuador del plazo fijado para alcanzar dicha agenda. El Secretario General de la ONU, Antonio Gutteres, declaró su aspiración de que sirva de hito político que pueda responder al impacto de las múltiples e interrelacionadas crisis a las que se enfrenta el mundo. Se espera que reavive un sentimiento de esperanza, optimismo y entusiasmo por la Agenda 2030[1] mediante la adopción de una ambiciosa declaración política[2] que proporcione una hoja de ruta para volver a encarrilar al mundo hacia la consecución de los ODS en su plazo de 2030.

Sin embargo, todo indica que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y las metas correspondientes no se alcanzarán en absoluto, a menos que -y posiblemente, incluso si- se tomen decisiones radicales y difíciles. Las principales tendencias que se desprenden de la edición especial del Informe de Progreso de los ODS elaborado por la Oficina del Secretario General son descorazonadoras y, sin embargo, no son una sorpresa para las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales que trabajan en todo el mundo. En el informe, el Secretario General constata que muchos de los Objetivos están entre moderada y gravemente retrasados[3], al igual que el compromiso de no dejar a nadie atrás. Parece existir -al menos- un consenso generalizado en torno al hecho de que la humanidad se enfrenta a una policrisis sin precedentes. En este contexto, las respuestas que podemos vislumbrar colectivamente requerirán una transformación drástica de los sistemas mediante los cuales perpetuamos actualmente nuestro sustento en la Tierra, tanto como un compromiso renovado hacia el ideal común del «desarrollo sostenible para todos».

Las OSC y las organizaciones de base están y han estado siempre en primera línea de todas las respuestas a las crisis. El papel desempeñado por las OSC para mantener intacto el tejido social a nivel comunitario, facilitar servicios básicos en lugares donde no hay ninguna otra institución – pública o privada -, salvaguardar los recursos naturales, el patrimonio histórico y la memoria, y facilitar procesos para la inclusión de las mujeres, las niñas, los jóvenes y los más marginados, sigue siendo ignorado y desatendido. Los enfoques descendentes en la elaboración de políticas, la falta de consulta y de datos y monitoreo, así como el empeoramiento de las tendencias de cierre y reducción de los espacios cívicos siguen obstaculizando significativamente la capacidad de las OSC para operar como actores del desarrollo por derecho propio. En los últimos años, los gobiernos han utilizado la pandemia como pretexto para reprimir y restringir aún más los derechos de la población a organizarse y hablar con una voz colectiva. Las ramificaciones son de gran alcance y suponen un gran obstáculo para alcanzar la ambición colectiva consagrada en los ODS, y no sólo los objetivos relacionados con la sociedad civil.

Uno de los principales estudios elaborados para informar el debate y la toma de decisiones durante la Cumbre[4], el Informe Global sobre Desarrollo Sostenible 2023 (GSDR), se publicó días antes de la AGNU. El informe presenta pruebas que sugieren fuertes sinergias entre la lucha contra el cambio climático y la consecución de los ODS, según las cuales los avances en uno pueden conducir a mejoras en el otro. Perseguir la Agenda 2030 y la aplicación del Acuerdo de París de forma concertada puede hacer avanzar significativamente ambas agendas, afirma el informe. Incluye un llamamiento a una mayor coordinación institucional y coherencia política entre sectores y departamentos a nivel nacional, para integrar mejor el desarrollo y la acción de los ODS y la política climática[5]. Además, el informe afirma que el gran déficit de financiación de la acción por el clima y el desarrollo, y la financiación insuficiente para potenciar las sinergias necesarias, tienen su origen en el profundo fracaso de la arquitectura financiera mundial y en la fragmentación de las finanzas que dificulta la coherencia política.

No se trata de una constatación novedosa ni nueva. Las OSC llevan décadas reclamando la reforma de la arquitectura financiera internacional. Las OSC esperarían que esta alineación en el diagnóstico ofreciera algún espacio para la esperanza de nuevas ideas y soluciones colectivas. Desgraciadamente, el informe sigue promoviendo el statu quo al afirmar que «los esfuerzos actuales para abordar estos fallos a nivel internacional deberían incluir medidas que animen a los bancos multilaterales de desarrollo y a las instituciones financieras internacionales a introducir instrumentos que potencien las sinergias entre el clima y el desarrollo», dejando que los responsables de la captura corporativa de la agenda del desarrollo sostenible desarrollen «nuevas» soluciones.

La reforma del sistema internacional y de la arquitectura financiera debe conducir al desarrollo sostenible para todos y situar los problemas de la pobreza y la desigualdad en el centro de su mandato. Los resortes del poder en el sistema internacional están muy desequilibrados y las decisiones se toman a menudo a puerta cerrada, sin contar con la opinión de aquellos a los que más afectan. Existe entonces una necesidad fundamental de reconsiderar dónde se realizan las discusiones en torno a la financiación del desarrollo, siendo las Naciones Unidas, el espacio obvio. Esto no quiere decir que las Naciones Unidas sean infalibles; la institución tiene mucho que aprender de otros espacios institucionales que tratan de incorporar las perspectivas de los actores no gubernamentales de forma más deliberada. Sin embargo, es la única institución que goza de una membresía universal y de legitimidad en la representación.

A las puertas de la 78ª Asamblea General y de la Cumbre sobre los ODS, la Alianza de OSC para la Eficacia del Desarrollo afirma que los principios de la Cooperación Eficaz al Desarrollo, alineados con los marcos de los derechos humanos y de las mujeres, deben reorientarse, revitalizarse y acelerarse para dar una respuesta mejor e inclusiva a las urgentes preocupaciones mundiales. Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, es necesario apoyar y revalorizar, ahora más que nunca, el papel vital que desempeñan las OSC como socios y actores del desarrollo por derecho propio.

Hacemos un llamamiento a los gobiernos en la cumbre de los ODS para que 1) utilicen los principios de la Cooperación Eficaz al Desarrollo (CED) para garantizar que la cooperación al desarrollo, especialmente la AOD, contribuya a los ODS; 2) cumplan el objetivo del 0,7% de la RNB para la ayuda oficial al desarrollo (AOD) y protejan el mandato central de la AOD de erradicar la pobreza; 3) se comprometan a obtener resultados que cumplan la promesa de No dejar a nadie atrás, y 4) construyan un entorno propicio para la participación de las OSC en la implementación de los ODS.

Por último, elevamos los llamamientos anteriores de la sociedad civil a favor de una Convención sobre Cooperación al Desarrollo, que obligaría a los gobiernos a cumplir un mandato, una definición y un propósito acordados universalmente. Esto eliminaría la posibilidad de que los gobiernos desplieguen la ayuda de una forma que sea incoherente con un propósito central acordado y comprendido universalmente, que es lo que estamos viendo ahora. Dado el estado actual de la cooperación al desarrollo tradicional, con sus muchas críticas legítimas, así como la urgencia necesaria para abordar la crisis múltiple, es hora de volver a plantear este llamamiento.#

Puedes descargar la declaración en inglés aquí.

 

 

 

[1] https://www.un.org/en/conferences/SDGSummit2023
[2] Último borrador para la Declaración Política de la 2ª Cumbre de los ODS

[3]  «Una evaluación preliminar de las aproximadamente 140 metas para las que se dispone de datos muestra que sólo alrededor del 12% están bien encaminadas; más de la mitad, aunque muestran cierto progreso, están moderada o gravemente desviadas; y alrededor del 30% no han visto ningún movimiento o han retrocedido por debajo de la línea de base de 2015». (Edición especial del Informe de Progreso en los ODS).

[4] La otra es la ya mencionada Edición Especial del Informe de Progreso en los ODS, elaborada por la Oficina del Secretario General.

[5] También recomienda que los marcos de gobernanza y política tanto del Acuerdo de París como de la Agenda 2030 deberán modificarse para alinear la acción climática con los ODS.

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