La nueva agenda de desarrollo. ¿Retórica o cambios reales?

par Tania Ricaldi Arévalo

Recientemente concluyó el Foro Político de Alto Nivel (HLPF, por sus siglas en inglés), espacio que no solo constituye un primer alto en la nueva agenda de desarrollo, sino que también supuso la revisión voluntaria de 22 países como elemento de recolección de lecciones aprendidas que podrán ser usadas por los gobiernos en la puesta en práctica de sus agendas. En el caso de América Latina, fueron Colombia, México y la República Bolivariana de Venezuela quienes presentaron los progresos obtenidos.

Los debates del Foro destacaron la urgencia de actuar, la importancia de “no dejar a nadie atrás” y de reducir las brechas. Sin embargo, queda mucho por hacer con respecto al discurso sobre la manera de cambiar el statu quo. Cabe la duda acerca de si existe una voluntad política real de incorporar una ética de vida que realmente permita construir un mundo sostenible. Las discusiones, las propuestas, el lenguaje y los avances que se declaran no dan muestras de cambios sustanciales en los procesos emergentes.

Si bien es necesario reconocer la importancia de los medios de implementación, como la financiación, la tecnología y la creación de un entramado institucional que dé respuesta a los retos de la Agenda 2030, todo este andamiaje de implementación no tendrá sentido si no se define formas alternativas a las lógicas y patrones de desarrollo actuales. La construcción de un mundo sostenible exige procesos de transición reales, políticas y acciones que sitúen a los sistemas de vida y medios de subsistencia de las personas en el centro de las decisiones, en lugar del crecimiento económico.

Entendiéndose como sistemas de vida, la Madre Tierra y sus límites, los derechos, condiciones y cosmologías de los pueblos, es decir, los conocimientos, culturas y tradiciones, las economías y sus interrelaciones con la vida como componentes centrales en la toma de decisiones para la sostenibilidad. Componentes que no han estado presentes o han estado muy marginalmente en las sesiones. Esto es lo que expresaron las voces de los actores de la sociedad civil, sin embargo, no encontraron un apoyo explícito por parte de los gobiernos.

En ese sentido, es fundamental mostrar pasos hacia el cambio. Los gobiernos no sólo deben afirmar la necesidad de que la sociedad civil participe, sino definir cuáles serían los mecanismos efectivos de participación de todos los sectores que reúnan a todos los actores en materia de desarrollo para su incorporación efectiva en la toma de decisiones en los procesos nacionales.

La propuesta del desarrollo sostenible y sus metas no deben ser reducidas a una oportunidad de negocios. Sin duda es una oportunidad, pero debe ser una oportunidad de cambio del sistema y ser una muestra que la humanidad tiene la capacidad de aprender.

Si bien es una agenda global, el reto está en cada uno de los actores de desarrollo – gobiernos, sector privado y sociedad civil – respecto a cómo tendemos puentes que armonicen con la naturaleza, respeten los derechos humanos y trabajen de forma efectiva para no dejar a nadie atrás.


Foto-Tania

Tania Ricaldi Arévalo
Docente investigadora Centro de Estudios Superiores Universitarios,
Universidad Mayor de San Simón (CESU-UMSS),
Responsable Área Economía y Planificación,
Responsable de la Comisión de Posicionamiento e Incidencia del Grupo de trabajo Cambio Climático y Justicia-Bolivia. Y, miembro del Grupo de Trabajo de la Agenda 2030.

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